La Inmanencia y Trascendencia de Dios
28 de agosto, 2023 │ Bryan Oyarzún Quintanilla
Cuando hablamos de inmanente, nos referimos a “que es
inherente a algún ser o va unido de un modo inseparable a su esencia, aunque
racionalmente pueda distinguirse de ella.”[1] Por otro lado, cuando nos
referimos a trascendente, nos referimos a “que está más allá de los límites
de cualquier conocimiento posible.”[2]
Desde una perspectiva teológica, cuando nos referimos a la
inmanencia y trascendencia de Dios, nos referimos a que Dios está presente y activo
en su creación, pero es superior e independiente de todo lo que ha creado.
Estos conceptos se refieren a la
relación de Dios con el mundo creado, no en términos de acciones específicas
con respecto al universo, sino en el grado en que él está presente y activo en
el universo (inmanencia) por oposición a estar ausente o alejado de él
(trascendencia).[3]
Para nuestros fines, resulta relevante poder abordar ambos
conceptos simultáneamente, dado que perder el equilibrio en la comprensión de
ambos términos, puede llevarnos a cometer errores en la comprensión de Dios y
como se relaciona con lo creado.
Base Bíblica
Si revisamos las Escrituras y buscamos estos conceptos
literalmente expresados en ella, no los encontraremos. ¿Esto hace que esta
doctrina sea extrabíblica? De ninguna manera, pues en lo que nos debemos
centrar es si estos conceptos son posibles deducirlos de diferentes relatos
bíblicos que den cuenta de estas ideas a la luz de toda la Escritura.
Cuando revisamos la idea de inmanencia, podemos rápidamente
remitirnos a Jeremías 23:23-24:
» ¿Soy acaso Dios
solo de cerca? ¿No soy Dios también de lejos?», afirma el Señor. «¿Podrá el
hombre hallar un escondite donde yo no pueda encontrarlo?», afirma el Señor. «¿Acaso
no soy yo el que llena los cielos y la tierra?», afirma el Señor.
En
estos versículos podemos ver como Dios puede ver todo en el mundo y lo llena
todo, demostrando una cercanía impecable con su creación.
De la misma manera el Salmos 104:29-30 enfatiza la
dependencia que la naturaleza tiene de Dios, es decir, Dios se relaciona con su
creación de una manera cercana, sosteniéndola y preservándola.
Al revisar la idea de la trascendencia de Dios, podemos
remitirnos a Isaías 57:15:
Porque lo dice el Alto y Excelso, el
que vive para siempre, cuyo nombre es Santo: «Yo habito en un lugar santo y
sublime, pero también con el contrito y humilde de espíritu, para reanimar el
espíritu de los humildes y alentar el corazón de los quebrantados.
Dios habita en un lugar santo y sublime, dándonos a conocer
que Dios está separado y es independiente de la naturaleza y la humanidad. Dios
no está solo vinculado o implicado en su creación, también es superior a ella
de varias maneras significativas.
Dios no es su creación ni está cautivo por ella, por el
contrario, el texto bíblico nos muestra que Dios existe independientemente de
su creación, habita en un lugar más elevado que su creación y también es
superior a todo aquello cuanto creó.
Implicaciones
Poder tener un conocimiento de Dios ajustado a su revelación
Escritural, será clave para no crear de Dios un ídolo conforme a nuestras
limitados y torcidos pensamientos. Es por esto, que una clara y precisa
comprensión de como Dios se relaciona y es en Su esencia, nos permitirá adorar
verdaderamente a Dios.
La ortodoxia cristiana sostiene que solo hay un Dios y que
este es distinto al mundo, a diferencia de las concepciones panteístas y
panateistas. También sostiene que Dios está continuamente activo a lo
largo del mundo y de la historia de manera providencial, guiando y sosteniendo
todos los asuntos, esto, en contraposición del deísmo.
Dios es inmanente en la vida de su pueblo. Podemos ver a
Dios a lo largo de toda la historia bíblica, activo, cercano, a tal punto que
Él establece pactos con los hombres, mediante los cuales desarrolla su plan
redentor.
Dios habita tanto en las alturas como con el de espíritu
contrito y humillado (Is. 57:15). La cercanía que Dios tiene con sus criaturas
es una muestra de su amor, misericordia, gracia, bondad, omnipotencia y
soberanía.
Poder conocer a Dios en su inmanencia con su creación, nos
permitirá quitar la brecha que podamos tener de una concepción enteramente
distante de Dios (dada su gloria). Dios es un Dios glorioso, majestuoso, y a la
vez, cercano y activo con el mundo que Él mismo ha creado.
La trascendencia divina se expresa
en tres maneras: trascendente sobre el tiempo y el espacio; superioridad
cualitativa de Dios a todo lo creado, y el acercamiento y distanciamiento en las
relaciones personales con los hombres.[4]
Dios está por encima del tiempo y es eterno. Su eternidad,
inmensidad y omnipresencia se expresan en su trascendencia sobre el tiempo y el
espacio. Aunque Dios está por encima del tiempo y es eterno, el tiempo fue
creado por Él y la historia es el escenario de su obra.
Dios también es trascendente en el
sentido cualitativo; es diferentes de los seres humanos e infinitamente
superior. Su ser es eterno y el mundo temporal, su conocimiento es ilimitado y
el del hombre limitado, Él es santo y los hombres contaminados por el pecado.[5]
Tanto su superioridad cualitativa como su trascendencia sobre
tiempo y espacio significan que hay un independiente Creador, Preservador,
Observador, Legislador y Juez sobre la humanidad y los asuntos de ella. El
hombre es dependiente de él por su ser mismo, y sujeto a su evaluación y mirada
escrutadora.
La tercera expresión de la
trascendencia e inmanencia divinas se encuentra en el grado de intensidad de la
relación de Dios con los seres humanos. En muchos lugares en la Biblia, se
refiere a una real presencia que no es espacial. Uno puede "acercarse a
Dios" o "alejarse" de él. Jesús promete: "Donde dos o tres
están congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt.
18:20, RVA); "He aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin
del mundo" (Mt. 28:20). Manda también: «apartaos de mí malditos" (Mt.
25:41). Isaías expresa tanto la inmanencia de Dios como su trascendencia: "Así
dijo el Alto y Sublime ... Yo habito[6].
Narrativa Bíblica
¿Cómo podemos ver la inmanencia y trascendencia de Dios en
medio de la historia bíblica? Para poder responder a esta pregunta, nos
remontaremos al gran plan redentor de Dios.
En primer lugar, es menester citar la confesión, la cual
declara que:
La distancia entre Dios y la
criatura es tan grande que aun cuando las criaturas racionales le deben
obediencia como su Creador, éstas nunca podrían haber logrado la recompensa de
la vida a no ser por alguna condescendencia voluntaria por parte de Dios, que a
él le ha placido expresar en forma de pacto.[7]
Teniendo esto presente, podemos ver como la cercanía y la
distancia de Dios, se conjugan para que, en la condescendencia voluntaria y
libre de Dios, haya elegido salvar al hombre, expresando esto es forma de
pacto.
Dios elige libremente salvar al hombre, teniendo presente la
distancia entre Él y sus criaturas, y con todo esto, elige salvar hombres para
su gloria. En esto, podemos ver a Dios relacionándose de una manera cercana con
sus criaturas y a la vez, vemos como Dios es independiente de sus criaturas y
distinto en esencia y grandeza.
Las Escrituras nos muestran que Dios “se paseaba” por el
huerto, Dios le hablaba a Adán y Eva y Dios hizo un pacto con Adán en el cual
se le prometió vida eterna si cumplía el pacto.
Lamentablemente, todos conocemos el fin de esta historia, y
sabemos que Adán quebrantó el pacto hecho por Dios, acarreando para sí y toda
su posteridad, la culpa, muerte y el pecado.
Dios, en su inmensa misericordia y para su gloria, anuncia
la salvación por venir en medio del juicio de la serpiente y de los hombres,
señalando que la simiente de la mujer vencerá a la simiente de la serpiente.
Este es el inicio de la promesa redentora de Dios para los hombres.
Remitiéndonos nuevamente a la confesión, la cual señala que:
“Además, habiéndose el hombre acarreado la maldición de la ley por su Caída,
agradó al Señor hacer un pacto de gracia […]”[8] . Posteriormente señala:
Este pacto se revela en el evangelio; en primer
lugar, a Adán en la promesa de salvación a través de la simiente de la mujer, y
luego mediante pasos adicionales hasta completarse su plena revelación en el
Nuevo Testamento. [9]
Dentro de estos pasos adicionales que señala la confesión, y
posterior a la promesa de salvación de la simiente de la mujer, se encuentra el
pacto Noémico.
En este nuevo paso adicional, Dios establece un pacto con
Noé en el cual le ofrece preservar la vida de Noe, de su familia y de animales,
ante el juicio que Dios ejecutaría. Posterior a este juicio, Dios promete nunca
más destruir el mundo mediante un diluvio. En este pacto podemos ver como Dios
preserva a la humanidad, de la cual debía nacer la simiente de la mujer que
libraría a los hombres del pecado.
El siguiente paso adicional, se conforma del pacto hecho por
Dios con Abraham. Dios le promete a Abraham ser su Dios y que Abraham y sus
descendientes sean su pueblo, prometiéndole además un territorio donde
habitarían (dejando la vida nómade que tenia Abraham).
Progresando en los pasos adicionales, encontramos el pacto
hecho por Dios con la nación de Israel, conocido como pacto Mosaico o
Sinaítico.
El pacto Mosaico se centró alrededor de la ley divina que
Dios le da a Moisés en el monte Sinaí. Al entender los diferentes pactos en la
biblia y su relación entre sí, es importante entender que el pacto Mosaico
difiere significativamente del pacto Abrahámico, porque es condicional en que
las bendiciones que Dios promete están directamente relacionadas con la
obediencia de Israel a la ley mosaica. Si Israel obedecía, entonces Dios los
bendeciría, pero si lo desobedecían, entonces Dios los castigaría. Las
bendiciones y las maldiciones que están asociadas con este pacto condicional se
encuentran en detalle en Deuteronomio 28.
Posterior al pacto Mosaico, encontramos el pacto con David,
conocido también como pacto Davídico. Este es un pacto incondicional entre Dios
y David, a través del cual Dios promete a David y a Israel que el mesías
saldría del linaje de David y de la tribu de Judá, y establecería un reino que
permanecería para siempre.
La promesa de que la "casa", "el reino"
y "el trono" de David sería establecido para siempre, es algo muy
importante ya que muestra que el mesías vendría del linaje de David, y que él
establecerá un reino desde el cual reinará. El pacto se resume en las palabras
"casa", prometiendo una dinastía en el linaje de David;
"reino", refiriéndose a las personas que son gobernadas por un rey;
"trono", enfatizando la autoridad del gobierno del rey, y "eternamente",
enfatizando el carácter eterno e incondicional de esta promesa hecha a David y
a Israel.
Finalmente llegamos a la revelación plena del pacto de
gracia, el nuevo pacto.
Podemos observar una línea ascendente que culmina con el
cumplimiento de la obra redentora a través de la muerte sustitutoria de Jesús
en la cruz, que dio paso al nuevo pacto y convirtió en obsoleto el pacto Mosaico
antiguo.
Como señala Cowey:
A este nuevo pacto se lo diferencia del
antiguo pacto mosaico y promete varias bendiciones que el anterior no podía
proveer: la regeneración o nuevo nacimiento, el perdón completo de los pecados,
un conocimiento íntimo de Dios y la seguridad de que este nuevo pacto es
inquebrantable. Las promesas del nuevo pacto significan el cumplimiento de
todos los propósitos redentores que Dios estableció en el pacto de gracia, que
puso fin a la maldición de la caída y proveyó salvación completa para la raza
humana… Desde luego, no todas las bendiciones del nuevo pacto se han concretado
plenamente. La consumación definitiva aguarda el regreso de Cristo”[10]
Si observamos el panorama divino y la ejecución de Su plan
redentor, podemos reafirmar el grado de cercanía que Dios mantiene con su
creación, a tal punto que Él mismo se acerca a los hombres y establece pactos
con ellos y les ofrece salvación.
En la narrativa bíblica del plan de redención, no vemos a un
Dios distante, indiferente y que haya olvidado a su creación, sino por el
contrario, podemos ver a un Dios activo, atento, cercano y lleno de
misericordia por su creación.
Teniendo presente esta hermosa cercanía de Dios, también
podemos observar que existe una diferencia entre el Ser de Dios y su creación.
Dentro de la historia de la redención no vemos a Dios siendo parte de la misma
sustancia y ser de Adán, el huerto o algún patriarca, sino que vemos a un Dios
cuyo ser es independiente y distinto de la materia creada, la cual, además, no
le puede contener ni absorber, sino que trasciende la materia.
Por otro lado, la grandeza de Dios es evidente en la
historia de la redención, de tal manera que, si no fuera por Él y su amor y
gloria, ningún hombre pudiese ser salvo. La distancia entre Dios y sus
criaturas es tan grande, que toda buena dadiva que el hombre pueda recibir,
será fruto de una acción única de la benevolencia divina.
CONCLUSIONES
Como hemos revisado, la inmanencia y trascendencia de Dios,
desde una perspectiva teológica se entienden como la cercanía, distancia y
distinción de Dios con su creación.
La historia de la redención suele ser una clara demostración
de la cercanía que Dios mantiene con su creación, de tal manera que habla con
sus criaturas, establece pactos con ellos y se muestra activo dentro de la
historia.
Dentro de la historia de la redención también podemos ver su
trascendencia. Como Dios no es de la sustancia de sus criaturas, ni está
capturado por su creación, sino que Dios difiere en sustancia de sus criaturas
y los cielos de los cielos no le pueden contener (1 Rey 8:27).
Es relevante mantener una comprensión equilibrada de la
inmanencia y trascendencia de Dios, pues si sobresaltamos un atributo sobre el
otro, podríamos desarrollar un conocimiento de Dios que pueda confundir su
esencia con su creación o desarrollar una visión de Dios inmensamente lejana a
su creación, derivando hacia el deísmo.
[1] Real
academia española: Diccionario de la lengua española, 23.ª ed., [versión 23.6
en línea]. <https://dle.rae.es>
[2]
Ibíd
[3]
Erickson, Millard, Teología sistemática. Viladecavalls, España:
Editorial Clie, 2008, p. 328
[4]
Hoff, Pablo, Teología evangélica. Miami, FL: Editorial Vida, 2000. P. 247
[5]
Ibíd.p. 247
[6]
Ibíd. p. 248
[7] J.,
Torres Hernández Alain. Segunda Confesión Bautista de Fe de Londres: Edición de
Lectura. Santo Domingo, Ecuador: Editorial Legado Bautista Confesional, 2021.
p, 29.
[8]
Ibíd. p. 29
[9] Ibíd. p. 30
[10] Calcada, S. Leticia, Chard Own
Brand, Charles W. Draper, and Archie W. England. Diccionario bíblico
Ilustrado Holman. Nashville, TN: B & H Español, 2017. P. 1.163

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